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REFLEXIONES SOBRE NUESTRO SISTEMA DE SALUD.

Introducción:

Inicio esta página con una mezcla de desidia, temor, deseo de que los sistemas mejoren, convencimiento de lo poco eficaz que va a resultar mi discurso, necesidad de que mi experiencia se conozca y tenga la posibilidad de que junto con otros similares, pueda tomarse algún tipo de solución que mejore las condiciones de la Sanidad Pública Española. Esta sanidad,  que tras los recortes motivados por la tan cacareada crisis, la han dejado por debajo de los estándares sanitarios incluso de USA antes de la llegada de Obama, poniéndose a la altura de países tercermundistas. Contaré brevemente mi relación con la sanidad (pública y privada), que ilustra mi estado de ánimo e informa del conocimiento adquirido durante el periodo en que he estado sometido a los designios de los sanitarios.

Mi historia personal:

En el año 2008 acudí con un problema leve  de próstata a un especialista de una institución privada: la clínica Nuestra Señora del Rosario. En aquel entonces mi servicio médico era la compañía de seguros sanitarios ADESLAS, ya que como funcionario al ser miembro de MUFACE, me permitía escoger entre algún seguro privado o la Seguridad Social. Dado que al ingresar como funcionario se me ofreció esta elección, elegí la compañía que precisaba la cumplimentación de  menos formularios.

Después de dos o tres visitas de control, el Doctor Sánchez de la Muela y Naverac  me aconsejó  operarme de mi próstata mediante laser, pues el periodo post-intervención prácticamente no requería de asistencia hospitalaria. No obstante me comento que esa operación no la cubría mi seguro y que debería abonar unos 6.000 euros. Como en principio, todos pensamos que los médicos no te engañan por el juramento hipocrático, acepte y me realicé las pruebas preoperatorias. Pero antes de asignarme fecha de quirófano el doctor tuvo un accidente y suspendió las intervenciones.

Pensé, durante el tiempo de espera, que merecía la pena tener más opiniones al respecto. Consultamos con algún urólogo más: El Doctor Ricardo García Navas en la Clínica de San Rafael y el doctor Federico de la Rosa Kehrmann de la Unidad Urológica Angloamericana, ambos coincidieron: tenía una próstata bastante grande pero en mi caso, la operación con laser no era la indicada, debía ser la operación clásica, que por supuesto no exigía sobrecoste en el seguro médico.

Con el correspondiente cabreo y echando pestes de la medicina privada, en el primer enero en que tuve ocasión: enero de 2012 (MUFACE, solo permite los cambios en enero o por fuerza mayor), me cambie al sistema público. Se me asigno el Hospital Clínico de San Carlos para que su servicio de Urología se hiciera cargo de mi caso. Comencé las visitas al servicio (puerta L de consultas externas) y con visitas cada seis meses, se me prescribían pruebas diagnosticas con el fin de determinar la estrategia a seguir. Cada visita al servicio me recibía un doctor distinto. Nunca me dieron los resultados de las pruebas y con aquellos doctores que logre me respondieran, me comentaban que efectivamente era una próstata muy grande, pero seguía dándome citas para seis mese después con la prescripción de distintas pruebas diagnosticas.

Uno de los doctores que me visitó me comento que el tamaño de la próstata no era un índice para programar una operación, otro me comento que se pensaría en la próxima visita tras otra serie de pruebas. Ante mi insistencia de tomar una decisión, siempre se me remitía a la próxima visita, con una intención clara de pasar la pelota al siguiente y no tomar ninguna resolución.

Tras seis años de vistas y pruebas diagnosticas, otro  de los doctores que me han visitado, parece que se lo tomo con más interés y me prescribió un estudio urodinámico y una resonancia magnética. Para la realización del estudio urodinámico no se me prescribió ninguna medida profiláctica y se desato un proceso que paso a describir:

  1. La realización de este estudio  se  hizo  el 23 de mayo de 2017 sin  ninguna medida de preparación, anterior ni posterior a la prueba.
  2. Esta prueba me provocó una infección urinaria y una retención severa, que requirió hospitalización, desde el  27 de mayo  al 31 del mismo mes y fui atendido por el área de medicina interna del Hospital Clínico según informe de alta redactado por la doctora Cristina Gómez Sanchez-Biezma en dicha fecha. 
  3. En el hospital, fui ingresado en la planta de Urología, pero al ser tratado por el departamento de medicina interna, y ante la necesidad de colocarme una sonda vesical, pedimos la posibilidad de realizar una interconsulta entre los dos departamentos (urología y medicina interna), petición que no fue atendida por parte del departamento de Urología.
  4. Después de un intento de quitarme la sonda, que no funcionó, fui dado de alta el día 31 de mayo pero con la sonda vesical colocada,  sin ningún diagnóstico, con la prescripción de un antibiótico, y con la instrucción de la doctora de volver á intentar la retirada de la sonda  a los 15-20 días, por el servicio de enfermería de mi ambulatorio.
  5. Durante este periodo de 20 días, acudí por molestias y color muy obscuro de la orina al servicio de urgencias SUNMA 112, allí, tras realizarme una prueba de orina me detectaron una nueva infección y me recetaron un nuevo antibiótico.
  6. El día 18 de junio, fue retirada la sonda, y al no poder orinar, acudí a urgencias del mismo hospital, según consta en informe de fecha 18 de Junio donde se me colocó una nueva sonda. Durante la espera en los boxes de urgencias se me informó que se había avisado al urólogo de guardia, pero este no se presento y se me envió a casa con la nueva sonda. Se me remitió a una cita que tenía asignada con el departamento de urología el día 22 de junio, para que se tomasen las decisiones pertinentes
  7. En la visita del día 22 de junio, fui atendido por el doctor   Hermida Gutierrez   que lejos de proponer soluciones comento:
    1. Debíamos retirar de nuevo la sonda, por el servicio de enfermería de mi ambulatorio, “a ver si había suerte”.
    2. Antes de operarme, era necesario realizar una nueva biopsia (ya se me habían realizado otras dos durante los seis años de pruebas diagnosticas), con el fin de valorar un quiste del que informaba la resonancia magnética, pero no inició ninguna gestión para preparar la cita de esta biopsia.
    3. Al estar caído el sistema informático no se pudo conocer los resultados del estudio urodinámico, que me había provocado la infección.
    4. No podía dar ni plazos ni posibles estrategias. Ante la pregunta de que si no hubiera suerte y necesitar la implantación de una nueva sonda, no estableció ninguna alternativa.
    5. Simplemente me remitió a una nueva cita para un mes después, dado que él se iba de vacaciones,  esta cita se concreto en la secretaria del servicio para el 13 de julio.
    6. El día 27 de junio se me volvió a retirar la sonda y desgraciadamente esa noche tuve que acudir de nuevo a urgencias, donde me implantaron una nueva sonda, ante la solicitud de explicaciones al servicio de urología, el responsable de urgencias me gestiono una cita con el servicio de urología para el 30 de junio, con la esperanza que se comenzaran a tomar medidas eficaces para solucionar este problema.
    7. Ante tanto retraso y despropósito, presente una reclamación ante la Consejería de Sanidad, por entender que este departamento era el responsable último de mi situación y de la situación general de la sanidad madrileña, al imponer unos recortes presupuestarios que provocan escasez de personal y medios, con el consabido retraso en todas las actuaciones.  La Consejería me contesto, sin más explicaciones, que remitía mi reclamación al Servicio de Atención al Paciente del Hospital Clínico. Este servicio se puso en contacto conmigo vía telefónica y mediante una carta en la que figuraban ciertos errores, ya que confundía intervención con prueba diagnóstica.
    8. La visita el 30 de junio resulto satisfactoria pues al menos se iniciaron las gestiones para realizar la biopsia, que al parecer debe ser condición imprescindible para continuar  con la toma de decisiones, con esta gestión se había generado un retaso de 8 días (esta misma decisión se podía haber tomado el día 22), estas gestiones consisten en preparar citas para la realización de pruebas: radiografía, análisis de sangre, electro-cardiograma y visita con el anestesista, previas a la biopsia.

Todo ello  implica un retraso considerable para la realización de una prueba que tiene que determinar si aparece algún brote cancerígeno, lo que aumenta mi angustia, tanto por la incertidumbre, como por la incapacidad de responder al problema de una forma rápida y eficaz.

  1. En paralelo y ante la necesidad de tomar decisiones, gestione una visita ante un Urólogo de la medicina privada, quien me comento  la necesidad de realizar una operación clásica (no con laser), no dio excesiva importancia a la prueba programada de biopsia, al considerar que dos biopsias anteriores negativas se podía deducir que no habría tejidos malignizados. Me ofreció la posibilidad de operarme a finales de julio pero comento que en agosto se iba de vacaciones, ante esta eventualidad y la necesidad de obtener una confirmación mediante la biopsia decidí esperar los resultados de la biopsia.
    1. Realizadas las pruebas previas, la biopsia se materializo el 19 de julio, casi dos meses después de generarse el problema,  se me asigno para  el 14 de agosto una cita con el fin de conocer los resultados y quizás por fin, definir las estrategias para tratar de dar una solución al problema.
    2. El 14 de agosto: Se me informa que los resultados de la biopsia han resultado negativos, con lo que en principio se descarta que el quiste sea maligno.  Se me prescribe la intervención que todos los profesionales consultados había vaticinado con 7 años de antelación, que se debía de hacer. Para la realización de la intervención, aunque sirven todas las pruebas que me realizaron para la biopsia es indispensable una nueva visita con el anestesista, a pesar de que había tenido la entrevista hacia menos de un mes.
    3. Al pasar a tramitar la cita se me ofrece el 6 de septiembre. Veintiún días después de la entrevista, un mes y medio después de realizada la biopsia, tres meses desde que se genero el problema y 6 años desde que inicie los trámites en este hospital,  solo para realizar un nuevo trámite de gran contenido burocrático. Se me informa que hasta que no pase esta entrevista no se me pondrá en la lista de espera para la intervención.
    4. Junto con la cita para el 6 de septiembre se me entrego una página web, gestionada por la Consejería de Sanidad, www.madrid.org/listadeesperaquirurgica/ con el correspondiente código para que pueda consultar la lista de espera y conocer cuánto tiempo faltaba para mi intervención. La información que trasmite esta página es estática: además de los datos del paciente informa que mientras no se hagan las pruebas preoperatorias no se incluirá al paciente en la lista de espera.

Una vez realizada la entrevista con el anestesista la página seguía diciendo lo mismo. Ante la solicitud de información a la Consejería, se me volvió a remitir a admisiones del Hospital Clínico proporcionándome un teléfono que informa continuamente que admisión de Urología está comunicando.

Intervención quirúrgica:

Después de estar mirando la página de la consejería todas las mañanas, haber intentado, sin suerte, conectar con el departamento de citas, tratar de localizar a alguien que pudiera paliar mi inquietud, por fin el 26 de octubre recibí una llamada telefónica del servicio de urología del hospital clínico citándome para la intervención el lunes 30 a la 15:00 de la tarde en la tercera palta, quirófano 35.

Sorprendentemente esta cita no se realizó con toda la parafernalia de escritos, volantes y citas previas. De una forma extraordinariamente eficaz, con una sola llamada telefónica a un teléfono móvil, se inicio el proceso. Acostumbrado como estaba a la parafernalia burocrática, incluso dude del procedimiento, no obstante el día señalado ingresé en una habitación provisional, desde la cual me llevaron al quirófano.

No conocí a los médicos que me operaron, dieron explicaciones a mi familia a la salida del quirófano: La operación había salido bien y no había perdido demasiada sangre. Me trasladaron a recuperación y con las consabidas descoordinaciones, a mi mujer la dijeron que no me llevarían a planta hasta el día siguiente y a las 24:00 h la llamaron a casa para anunciarle que me trasladaban a la habitación. En esta habitación había un enfermo terminal que no tenía acompañamiento de familiares, el pobre señor no nos dejo descansar en absoluto y al día siguiente lo trasladaron a una planta de paliativos. Un nuevo ejemplo de descoordinación de los servicios administrativos que desconocen las condiciones particulares de cada enfermo y planifican en función de su comodidad y no en función de la más rápida recuperación de los enfermos.

El personal de enfermería fue probablemente lo mejor que me ha ocurrido en todo el proceso. Con un nivel francamente alto, tengo que destacar la profesionalidad de Inés, Isabel y Víctor que superaba con mucho los estándares a los que me tiene acostumbrado el servicio de Urología. El personal subalterno es bastante irregular y junto a profesionales estupendos aparecen personas sin capacidad de atender y ayudar a los pacientes.

Aunque el médico que llevaba el control de la recuperación así como la información a los familiares Dr. del Corral, nos comento que en cinco días me daban el alta, la situación se complico, pues aunque el drenaje de la cicatriz me lo quitaron muy pronto, la sonda vesical siguió durante mucho tiempo dando hematuria. Después de lavados con sueros que aclaraban la orina de forma espectacular, al quitar los lavados volvía a salir orina con sangre. Todo esto acompañado de coágulos de sangre que los médicos asociaban a “sangre vieja” y comentaron que podían ser los causantes del  taponamiento de los  conductos de la sonda, esto obligaba a hacer lavados manuales con suero que me causaron dolores insoportables, además tuve un episodio de espasmos intensos que no se me quito hasta que me inyectaron un analgésico en vena muy fuerte probablemente morfina).

hubo dos intentos de quitarme la sonda pero  fue necesario volvérmela a colocar:

La primera por Inés que lo hizo de forma muy profesional.

La segunda por los urólogos de guardia, que precisaron de dos médicos y dos enfermeras para ayudándose de un tacto rectal dejar colocada la sonda y continuar con los lavados

Ante esta situación, en la que uno de los  médicos que me coloco la sonda me comentó, que desconocía cuál podía ser su origen, se me informo que el lunes 6 de noviembre se me  realizaría una nueva intervención para averiguar las causa de los sangrados y en su caso cauterizar las posible fuentes, mientras tanto se me aplicó 24 horas  de lavados y se recoloco el globo de la sonda.

El lunes el Dr. Del Corral se negó a la intervención pre-programada, por considerar que se necesitaba un estudio de las causas sin tener que meterse en una nueva intervención  que podía ser muy invasiva. Además de por un motivo personal al no haber participado él en la decisión.

Misteriosamente el martes amanecí, ya sin conectar a lavados, con una orina clara que desaconsejo la intervención y me preparó para darme el alta con sonda el día 14  y con la instrucción de retirarme esta el lunes 20 en el centro de salud. 

Con el consiguiente miedo, era la sexta vez que se intentaba retirar la sonda, en el centro de salud se me modifico el horario de enfermería par retirarme la sonda lo más temprano posible y por fin conseguí orinar, tras cerca de cinco meses con sondas vesicales que con las martirios correspondientes, a mi entender me habían provocado daños tanto en la vejiga como en los conductos uretrales.

Otras informaciones:

Un año después del proceso descrito, un conocido tuvo un proceso parecido y fue tratado en el mismo hospital. Sin embargo el programa fue bastante distinto:

Aunque su diagnostico había sido la necesidad de una operación abierta por el tamaño de la próstata, como se me había diagnosticado a mí, el proceso de espera para la intervención fue radicalmente más corto, pero además en el último momento: 5 días  antes de la intervención, le comunicaron que la intervención seria por laser, sin explicarle el motivo del cambio de técnica. La intervención se realizó con éxito, paso una noche en el hospital y tras el correspondiente periodo le retiraron la sonda en el hospital (no en el ambulatorio) y en principio parece que evoluciona favorablemente.

Sigo sin entender los procesos medicos para la toma de decisiones en el ámbito sanitario, entre otras cosas porque nadie los explica, solo me queda lamentarme de mi mala suerte.

 Algunas reflexiones sobre  estos procesos:

Ante la posibilidad de seguir varios meses más de baja, arrastrando la sonda, que en mi caso  funcionó bastante mal, provocándome espasmos y pérdidas de orina por la perisonda, trate de informarme de los procesos, e investigue todas las posibilidades. Intente localizar a los médicos que últimamente me habían atendido, Todos ellos trabajan también en la medicina  privada, con lo que me di cuenta que no solo entre los políticos y  algunos técnicos, existe puertas giratorias en la administración, los médicos tiene puertas giratorias paralelas: no necesitan salir de un puesto y en paralelo atiende la medicina pública y la privada. Esto que evidentemente no es ilegal, introduce unas distorsiones en el sistema que causan asombro. Asombra, entre otras cosas, la solicitud de subvenciones  de la medicina privada para disminuir “sus” listas de espera mientras que las listas de espera en algunas especialidades de la pública, a pesar de estar sometidas a multitud de maquillajes, son escandalosas.

Por otra parte la política del servicio de urología del Clínico, de entretener al paciente con pruebas diagnosticas, además de encarecer los procesos, oculta el verdadero tamaño de las listas de espera. Parece que es otro más de los medios propagandísticos de la administración que lo único que precisa es dar el número más bajo posible, sin interpretar lo que ocultan los procesos burocráticos. Estos procesos solo se inician cuando un facultativo prescribe mediante un formulario una intervención, aunque el paciente hubiera estado seis años sometiéndose a pruebas diagnosticas con el único fin de solucionar un problema, que desde el principio todo el mundo sabía que pasaba por una intervención.

La desconexión entre servicios y el funcionamiento absolutamente encasillado de los procesos, parece que estuviera diseñado para diluir responsabilidades: en ningún momento los urólogos del servicio (con honrosas excepciones) se han interesado, ni me han informado sobre mi situación y la mejor manera de aliviar los problemas que causa la sonda vesical.

No existe comunicación entre los diferentes actores de la sanidad: Especialista, médico del ambulatorio y enfermería tanto hospitalaria como de ambulatorio, sus relaciones se realizan mediante la cumplimentación de formularios. Se podría comentar que los pacientes se parecen a los taxistas: se mueren con el “volante” en la mano.

La prevención, en el esquema que está funcionando en la actualidad, copiado del sistema sanitario de USA antes de Obama, no tiene ningún tipo de desarrollo y se actúa siempre para poner parches en los problemas de los individuos, filosofía que proviene del sistema de seguros: “solo actuamos si se produce un evento problemático”.

La burocratización de la medicina que sigue procedimientos absolutamente rígidos con el único fin de   no aceptar  responsabilidades  y escudarse en “yo aplique el procedimiento” consigue procesos más lentos, más caros y el peso de todo el sistema recae en el paciente, que es quien soporta económicamente el sistema y sufre las consecuencias de una gestión filibustera: se escapa el dinero en coimas, mientras se recorta en personal.

Por otra parte, además, todo este proceso ha contribuido a generar una baja por enfermedad larguísima, y a que me jubilara un par de años antes de lo que tenía pensado, sin embargo tambien ha permitido la edición y desarrollo de esta página web personal y varios artículos que por falta de tiempo no había podido abordar durante mi vida profesional.